Ruta Cultural Cementerio de Poblenou. Un paseo de mujeres.
Cementerio: Poblenou
Tipo de ruta: Dones
Contexto
Cementerios de Barcelona presenta la visita "Un paseo de mujeres" para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres en el cementerio de Poblenou.
El itinerario por el primer recinto funerario de Barcelona permitirá acercarse a 10 mujeres que se convirtieron en líderes en su época y que significaron un referente para las siguientes generaciones de mujeres. Sus sepulturas nos acercarán a épocas, ambientes y clases sociales distintas, pero en todos los casos estuvo presente la misma necesidad de reivindicar la emancipación de la mujer. Las 10 mujeres son la cara visible de otras muchas que quedaron relegadas al anonimato, pero que también manifestaron su deseo de libertad.

1. Amèlia de Vilanova_ Departamento 1, Iala 4, interior, panteón 22
Amelia de Vilanova encargó este panteón para enterrar a su difunto marido, Antoni Bruguera i Martí. Era un matrimonio habitual entre la alta sociedad, ambos provenían de familias acomodadas, y entre burgueses, a menudo el amor quedaba en un segundo plano, porque lo que realmente importaba era la prosperidad económica. Habitualmente se hacían pactos entre familias, para que un patrimonio se uniera con otro y así entrar dentro de un círculo exclusivo de riqueza y poder. Sin embargo, su caso fue la excepción que confirma la norma. Fue un enlace por conveniencia de sus padres, pero el matrimonio iba acompañado de pasión amorosa y muchas ilusiones de juventud. Esto último, muchos lo veían con malos ojos, porque creían que la pasión era inconstante y la juventud demasiado inestable como para confiar en ella el futuro de una familia y su patrimonio.
En aquella época, las aspiraciones de una mujer se centraban sólo en el matrimonio y la maternidad, por tanto su felicidad dependería totalmente del acierto o no de la boda. Al parecer, en este caso acertaron. Tuvieron una hija, Anna, pero lo que debía ser una vida plena se interrumpió pronto por un accidente. Antoni Bruguera murió en Cádiz cuando sólo tenía 24 años.
Este panteón es un reflejo del cariño que se tenían. Amelia de Vilanova hizo erigir un templete neoclásico construido en 1850 para inhumar los restos de su marido. El arquitecto de la reparación hecha a principios del siglo XX fue Joaquim Bassegoda i Amigó, un reputado arquitecto por sus casas en Barcelona, como las casas Rocamora del Paseo de Gracia. La nostalgia y el culto que le tenía a su marido quedaron grabadas en la parte superior del panteón con la siguiente frase: “La muerte que todo lo destruye, no podrá borrar, ¡oh sombra querida!, el recuerdo del cariño de una esposa que te idolatraba”.
Barcelona era una ciudad donde se hacían grandes fortunas y el dinero buscaba el dinero. Por eso se volvió a casar, y esta vez, como era habitual, el amor quedó en un segundo plano. Amelia era una señora romántica y creía que las grandes pasiones sólo existían una vez en la vida. Así que se casó con Ignasi Girona, hermano del conocido banquero y Alcalde de Barcelona, Manel Girona, una de las familias más ricas de la ciudad. Le dedicó el nombre de Vil·la Amèlia a los jardines de la finca de veraneo de Sarrià, pero ella nunca olvidó su primer amor, y es por este hecho que antes de morir, ordenó que lo enterraran a su lado para poder estar con él toda la eternidad.

2. Lola Anglada_ Dep. 1, Isla 3, interior, nicho preferencia 28, 1er piso.
Dolores Anglada y Sarriera, más conocida como Lola Anglada. Sus orígenes eran acomodados, nació en Barcelona y la familia veraneaba en Tiana, localidad con la que hizo muchos lazos.
Su vocación desde muy joven fue el dibujo. Entró a estudiar en la Escuela de la Lonja, y allí perfeccionó sus habilidades. En la escuela aprendió de muchos maestros, pero fue Joan Llaverias, dibujante y pintor, quien se fijó con su trazo y quiso promocionarla. Gracias a él hizo su primera exposición en la Sala Parés y la popular revista “Cu-Cut!” publicó un dibujo en 1905. Desde ese momento colaboró en la mayoría de revistas infantiles, y sus dibujos salían a diferentes libros.
Tras la Primera Guerra Mundial se fue a París, entonces la cuna de la cultura. Allí conoció a muchas personalidades, realizó diversas ilustraciones para libros de todo tipo, sobre todo infantiles. Aquella estancia le fue muy productiva para aprender de otros artistas de todo el mundo, pero también le sirvió para conocer a un referente político, Francesc Macià, quien sería el primer Presidente de la Generalitat de Cataluña restaurada y con el que tenía afinidad ideológica.
Al volver a Barcelona empezó a poner textos propios en sus dibujos, y ella misma se financiaba. Tuvo un gran recibimiento y muy buenas críticas. Colaboró con revistas muy conocidas como “Jordi” y “El Patufet”, y en 1925 fundó su propia revista titulada “La Nuri”. Fue a partir de esta época que fue más reconocida, sobre todo con los libros “Peret”, “Margarita”, “Monseñor Lagarto” y “Narcís”. Estos cuatro libros comentan a los críticos que son el núcleo esencial de su creación.
La Guerra Civil española trastocó su carrera profesional, pero sus ideales la impulsaron a participar activamente en el conflicto mediante su arte. Ante lo que significaría la victoria del fascismo, sobre todo en la educación de los niños, optó por ayudar a la Generalitat Republicana con la edición del libro titulado "El más pequeño de todos". Se trataba de un dibujo de un niño vestido con una rana de obrero, típica vestimenta de los milicianos, con una bandera en la mano derecha y el puño izquierdo levantado, que llama a luchar contra el fascismo. Éste debía servir como propaganda para defender una nueva sociedad catalana justa y cívica, erigida sobre los ideales republicanos de igualdad y libertad, de respeto a la naturaleza y al patrimonio. El Comisionado de propaganda de la Generalitat de Cataluña vendió unas 60.000 representaciones.
Su última etapa como dibujante la pasó prácticamente en Tiana, en la casa de veraneo de la familia. Estaba allí donde dedicaba muchas horas a dibujar litografías de la Barcelona de la época. Sin embargo, a menudo le prohibían realizar exposiciones, ya que fue etiquetada por el régimen como una mujer peligrosa, roja y separatista.
El día 12 de septiembre de 1984 murió en Tiana, allí le rendieron un homenaje y la hicieron hija adoptiva. Posteriormente, fue enterrada en el nicho preferente de la familia Anglada.

3. Mary Santpere_ Dep 1, Isla 3, interior, tumba menor 6
Maria Santpere Hernáez, más conocida como Mary Santpere, fue una conocida y polifacética actriz que destacó sobre todo en la comedia.
Nacida en un tren de camino a Barcelona, era hija de una familia de artistas. Su madre, Rosa Hernáez, o más conocida como Rosita, era bailarina y cantante, la cual destacó como miembro del cuerpo de baile de Pauleta Pàmies, también enterrada en este cementerio. Su padre, Josep Santpere, fue un famoso actor y empresario teatral de Barcelona e introdujo el teatro cómico en el Paral·lel. Ambos formaron una pareja artística muy popular hasta la muerte de Josep Santpere.
Mary Santpere fue bateada como la “Reina del Paral·lel”, porque era una de los activos más populares de la Avenida Paral·lel, la calle donde se concentraban todos los teatros de la época. Actuó con actores muy conocidos como Paco Martínez Soria, Àngel Andrés y Joan Capri, entre otros. Además, tuvo una larga trayectoria como actriz, realizando hasta 38 películas desde 1938 hasta 1991. Su actividad también la llevó a la televisión y la radio, donde tenía un programa titulado “la hora de Mary Santpere”.
Mary Santpere era una mujer diferente, salía de todas las convenciones sociales de la época y físicamente se alejaba mucho del canon de belleza de las estrellas. Este aspecto no la frenó en su carrera artística, al contrario, supo sacarle partido y gracias a su sentido del humor destacó más que ninguna otra mujer en los escenarios. Ella demostró que las mujeres también podían hacer comedia, pese a la represión social del franquismo sobre la mujer, convirtiéndose con un referente para las posteriores generaciones de humoristas.
En 1992 durante un vuelo de avión de Barcelona a Madrid se durmió y no volvió a despertar. Fue enterrada en esta tumba junto a su familia.

4. Núria Llimona i Raymat_ Departamento 1, Isla 3a, interior, nicho 1070, pis 1
Núria Llimona fue una pintora de paisajes que destacó durante la segunda mitad del siglo XX.
Hija de una familia burguesa intelectual, su padre, Joan Llimona, era un destacado pintor y su tío Josep Llimona uno de los máximos representantes de la escultura modernista catalana. Junto a su hermana Merced, heredaron la vocación artística de la familia y se convirtió en una gran pintora. Formada en la Escuela Oficial de Bellas Artes de Barcelona, fue profesora durante quince años, fue reconocida como paisajista, especializada en pintar el paisaje urbano de Barcelona. Sus obras, de estilo naïf, la llevaron a exponer en las mejores galerías del momento, como la Galería Syra, la Sala Nonell o la Sala Parés. Además, sus obras están expuestas en los museos de arte moderno de Barcelona y Madrid.
Al mismo tiempo, ha escrito textos y ha realizado dibujos de crítica social que han estado acompañados por textos de escritores como Carme Alcalde, Federico García Lorca o Manuel Azaña.
Por su trayectoria profesional obtuvo la Cruz de Sant Jordi (2000) y la Medalla de Honor de Barcelona (2006).
En 2011 fue enterrada en la sepultura familiar, adquirida por su abuelo, Josep Llimona i Bonafont, un industrial destacado y músico profesional.

5. Maria Josepa Massanés i Dalmau_ Dep. 1, Isla 2 exterior, nicho 210, piso 2
Nacida en 1811 en Tarragona, Maria Josepa Massanés es recordada por ser una escritora y poeta distinguida, y una figura muy importante por los inicios del feminismo.
Josepa Massanés nació en una familia acomodada. Era hija de Josep Massanés i Mestres, arquitecto e ingeniero militar conocido entre otras obras para trazar la división de Cataluña en cuatro provincias, por encargo de la Diputació de Barcelona. Aunque recibió la educación típica de las mujeres de clase burguesa de su época, tenía una gran base cultural y dominaba el catalán, castellano, francés, italiano y latín.
Josepa Massanés escribía textos románticos y también trataba temas sociales y feministas, por lo que se la considera feminista en una época en la que este movimiento era prácticamente inexistente. Su lucha fue por el derecho de escribir de las mujeres. En la sociedad del momento, y en sus círculos, la idea de "la emancipación intelectual" de la mujer era una reivindicación revolucionaria. Sus reflexiones sobre la importancia del acceso a la educación y su oposición al discurso de género de la época le llevaron a fundar una escuela en 1869. Sus publicaciones en los diarios, escritas en castellano, le dieron una gran popularidad. Sobre todo, cuando escribió el poema El beso maternal (1837), donde trata el amor materno.
Felices los que han oído
Su tierno rostro oprimido
¡Miedo el labio maternal!
Dichosos los que han oído,
Y al lado se han dormido
¡De esa voz celestial!
Tú no puedes comprender
La dicha de poseer
Lo que tienes, niño, ahora;
Lo que vale esa mujer
Que ríe contigo placer
Y que si tú lloras, llora;
Que vela siempre a ti lado
Con solicito cuidado,
Y tú querer adivina,
Su amor desinteresado
Tan dulce, tan sosegado
Como el aura matutina.
Niño, cuando la razón
Alumbre tu corazón,
Y veas cómo es debido,
Recuerda con que ilusión
Cono que delirio y pasión
Esta mujer te ha querido.
Beso el polvo que piso
Y la cuna que meció
Con un afán tan prolijo;
Respeta lo que toco
Lo que te dijo y mando;
¡Mucho debe hacer un hijo!
Alza su lánguido brazo,
Forma con el tuyo un lazo,
Y no le sueltas nunca.
Dirige su tardo paso,
No vayas en amarla escaso,
Nunca cual ella empaparás.
El poema tuvo una gran repercusión internacional y fue traducido al inglés, ya que se llegó a hacer uso escolar en algunos estados estadounidenses.
Casada con un capitán de infantería, cambió a menudo de residencia y esto le permitió conocer a muchos referentes intelectuales. En Madrid se relacionó con el ambiente literario de la época y se hizo gran amiga de Carolina Coronado, musa del romanticismo español. Cuando regresa a Cataluña, entra en contacto con personalidades de la cultura catalana como Manuel Milà i Fontanals, Antoni de Bofarull y Joaquim Rubió i Ors. Es en ese momento que empieza a escribir en catalán, convirtiéndose en la primera mujer de la Renaixença que escribía poesía en catalán. Participó en los Juegos Florales de Barcelona y fue nombrada reina de los Juegos Florales en 1862.
En 1887 muere en Barcelona y fue enterrada en la sepultura que había adquirido ella misma en 1873. Posteriormente a su muerte, se enterró en 1932 Inés Rubió i Lluch, hija del escritor Joaquim Rubió y Oros, el cual también está enterrado en este cementerio. La lápida destaca por la inscripción en catalán: “Poetissa tan insigne en saber com en virtuts”. En 1915 Dolors Monserdà, destacada escritora también de obras feministas y buena amiga suya, le escribió una biografía con ocasión de que su retrato fuera colgado en la Galería de Catalanes Ilustres.

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6. Fanny Ricot_ Dep. 2, panteón 90 Bis
Francoise o Francesca Ricot i Ruet, viuda de Rouviere, más conocida como Fanny Ricot. Nacida en Lyon en 1853, de profesión modista, se instaló en Barcelona, junto a su marido Ezequiel Rouviere.
Durante el siglo XIX y hasta bien entrado el s. XX, el oficio de modisto sirvió a muchas mujeres para emanciparse laboralmente y demostrar que también eran creativas. No siempre se les ha reconocido su labor, la mayoría de modistas han quedado en el anonimato o en el recuerdo de cada familia, pero la memoria de una sociedad no sólo son los grandes hitos, sino también lo son las cosas cotidianas, como lo es el vestir.
Eran tiempos de cambios, la industrialización, las mejoras en la comunicación, las nuevas estructuras sociales y también la figura de la mujer evolucionó mucho. El feminismo empezaba a hacerse sitio en la sociedad, despertando un cierto espíritu crítico entre las mujeres, que hasta el momento estaban relegadas al mundo doméstico. Muchas mujeres de clase obrera encontraron en la moda una forma de desarrollar un trabajo. Y al mismo tiempo, las mujeres burguesas vieron en la moda una forma de reflejar riqueza y éxito familiar.
Entre las miles de modistas que había en Catalunya, algunas destacaron algo más. Junto a otros modistos como Joana Valls y Madame Renaud, Francesca Ricot fue considerada una de las mejores, siendo llamadas las modistas del modernismo. El diseño de sus trajes era de gran modernidad, a menudo con muchos estampados, y utilizaba siempre las mejores telas. Su nombre artístico fue Fanny Ricot, y el éxito de su marca le permitió trasladar su taller de la Calle Avinyó a la Calle Ferran, una de las vías más concurridas y prestigiosas del momento. Su clientela era muy numerosa y refinada, siendo su nombre uno de los más cotizados. Posteriormente, con la aparición de los grandes almacenes, como por ejemplo el llamado “El Siglo”, donde producían en serie y la mano de obra era barata, su ropa también fue dirigida a las clases medias y bajas de la sociedad, con telas de menor calidad.
Murió a los 92 años y fue enterrada en ese panteón que había hecho construir para enterrar a su marido. El arquitecto que escogió fue Antoni Coll i Fort, quien tenía un cierto renombre desde que fue premiado en la Exposición Internacional de Barcelona de 1888. La sepultura la finalizó en 1908, a la que allí destaca una gran cruz con el monograma de las dos primeras letras de Cristo en griego en el centro.

7. Dolors Masferrer i Bosch_ Dep. 2, panteón 129
Dolors Masferrer i Bosch era hija de terratenientes muy poderosos de la vila de Les Corts, cuando ésta todavía era independiente de Barcelona. Fue la heredera de la propiedad de la Masía de Can Sòl de Dalt, la cual tenía una gran extensión de terrenos agrícolas. Ella vivía en la masía Can Corts, o Mas Corts, antiguamente ubicada en la Calle de les Corts, la vía principal del pueblo. Su figura ha sido reconocida porque en 1882 cedió parte de sus terrenos para la construcción del Ayuntamiento de Les Corts. Además, la donación tenía la condición de reservar un espacio para la futura construcción de una escuela municipal. La actual Escuela Ausiàs March, inaugurada en 1893, fue la más antigua del barrio y es por esta razón que Dolors Masferrer da nombre a una calle céntrica de Les Corts. Posteriormente, fue la principal promotora de la urbanización de Les Corts, hasta el momento una villa formada por masías. Una vez Barcelona agregó la mayoría de villas del Pla de Barcelona, cedió parte de los terrenos de su masía al Ayuntamiento de Barcelona para dar respuesta a la expansión demográfica de la ciudad y, al mismo tiempo, urbanizar también todos sus suelos.
El panteón fue adquirido por ella misma y el arquitecto encargado de la obra fue Josep Oriol Mestres, quien lo proyectó en 1868, y quien lo construyó fue Vicente Estrada con piedra de Montjuïc. Inspirado en modelos góticos, destacan elementos esenciales como el arco apuntado, las gárgolas y los pináculos. Los trabajos escultóricos los realizó Joan Roig i Solé, autor de "La señorita del paraguas del Parque de la Ciutadella", entre otras obras. Merece atención la verja con pebeteros que rodea el panteón, proyectada por el propio Maestros y producida por la Maquinista Terrestre y Marítima, la principal empresa de transformaciones metalúrgicas del país.
Dolors Masferrer murió en 1905 y fue enterrada en su panteón. Tres años después también enterraron a su marido, Josep Comas, un reconocido industrial y político, fundador el Círculo Liberal, Presidente de la Diputación de Barcelona de 1894 a 1896 y Senador por Barcelona en 1899 y 1902, méritos que llevaron a poner su nombre en la plaza del Ayuntamiento de Les Corts.

8. Paula Pàmies Serra_ Dep. 1, Isla 2 interior centro, nicho 215, piso 2
Más conocida como Pauleta Pàmies, fue bailarina de ballet y posteriormente también profesora de gran renombre.
Nacida en 1850 en Barcelona, debutó como bailarina con sólo 14 años y al año siguiente ya sería la primera bailarina del Teatro la Tertulia. Este hecho le permitió entrar en el cuerpo de ballet del Gran Teatro del Liceu, donde participó de tres creaciones que tuvo mucho éxito: “Catalina, la hija del bandido, La cantinera y El genio de la luz”. Entre 1871 y 1873 fue la primera bailarina del Teatro Principal de Barcelona y en 1880 tocó techo cuando interpretó “La redonda encantada”, el gran éxito de Ricard Moragas, uno de los coreógrafos y directores escénicos más destacados del momento.
Pauleta Pàmies se retiró de los escenarios como bailarina a los 42 años para dedicarse a la coreografía, la dirección y formación de danza, convirtiéndose en maestra vitalicia del Liceu. Sus clases sólo iban dirigidas a dones, sobre todo a niños de la alta sociedad que querían adquirir elegancia. Además, también dio clases de danza a niños de clases humildes, los cuales podían ingresar en la Compañía de Danza del Liceu. Su carrera como maestra superó sus años como bailarina, siendo aún más trascendental para la danza. Ha formado otras ballarinas destacables como Maria de Ávila y Trini Borrull, famosas durante los años 1940, entre otros. Con motivo de los 50 años de su debut en el ballet del Teatre del Liceu, en 1914 se le dedicó un homenaje y se le entregó la corona de oro y plata.
En 1937 murió en Barcelona y fue enterrada en la sepultura que había adquirido ella misma en 1920. Su hijo, Enric Lafuente i Pàmies, siguió el legado artístico de su madre, siendo Catedrático de Declamación del Conservatorio del Liceu durante más de 50 años. También fue enterrado en esta sepultura en 1956..

9. Carmen Tórtola Valencia_ Dep. 3, Isla Cerca, Panteón 12
Carmen Tórtola fue considerada una de las bailarinas más célebres de la primera mitad del siglo XX en Europa.
Nacida en Sevilla en 1882, dentro de una familia humilde, de padre catalán y de madre andaluza, tuvo que mudarse con sus padres a Londres. A los pocos años, éstos emigraron a México y más tarde murieron, quedando la joven Carmen sola en Inglaterra, pero bajo custodia de una familia burguesa que le permitiría una formación académica muy buena. Carmen aprendería hasta seis lenguas, daba clases de dibujo y fue con la danza que destacó por encima del resto de alumnos.
Su entorno familiar le enfocaba hacia una vida doméstica junto a un hombre rico, pero su carácter independiente y feminista chocó con ese estilo de vida. Mediante su gran pasión, la danza, se emancipó y en 1908 ya llenó el Teatro Gaiety de Londres. Carmen Tórtola era una chica atractiva, esbelta y de pelo largo, un físico que supo sacarle partido. Sus danzas orientales y sus movimientos sensuales, como el conocido movimiento de “La Serp”, cautivaban al público. Era una artista exótica y muy innovadora en su tiempo, lo que provocó rechazo a parte de la población, pero una gran admiración entre la intelectualidad europea del primer tercio del siglo XX. Se convirtió en un modelo de belleza y fue la musa de muchos escritores destacados como Rubén Darío, Gómez de la Serna o Pío Baroja, y también de pintores como Ignacio Zuloaga, quien realizó su famoso retrato “La Maja” en 1912 , mediante el cual el dibujante Eduard Jener le hizo el cartel promocional de los populares jabones y perfumes “La Maja” de la casa Myrurgia. Incluso Enric Granados le dedicó una danza, “La Gitana”, en 1915. Carmen Tórtola se había convertido en una de las bailarinas más famosas de Europa y la mejor representante de una época de artistas que la trajo actuar por toda Europa, EEUU y Sudamérica, donde tuvo un gran éxito.
Carmen Tórtola también levantaba muchos rumores sobre sus asuntos amorosos y de sus numerosos amantes, como Alfonso XIII o José de Baviera. Sin embargo, su pareja y con quien tuvo una relación amorosa fue Àngels Vila-Magret. Vivieron juntas desde 1928, la adoptó, convirtiéndola en su hija legal, y su última etapa de la vida la pasaron en el barrio de Sarrià, donde tenían su residencia. En 1955 murió y fue enterrada en el panteón que había adquirido ella misma en 1947. En 1963 se enterraría también Àngels Vila-Magret y quedaría clausurado con esta lápida hasta el día de hoy.

10. Dorotea de Chopitea i de Villota_ Dep. 1, Isla 1 exterior, panteón 2
Dorotea de Chopitea y de Villota, nació en Chile en 1816, cuando era una antigua colonia española. Sin embargo, su familia provenía por parte de padre de la aristocracia vasca y su madre era una dama chilena. La familia, muy acomodada, llegó a ser de 18 hermanos. El contexto político chileno hizo que este país se declarara independiente de España en 1818 y al año siguiente, cuando sólo tenía 3 años, toda la familia emigró a Barcelona.
Se instalaron en el barrio de la Ribera, muy cerca de la iglesia de Santa María del Mar, justo al lado de la familia Serra, con quien la familia tenía negocios en Chile. Ambas familias se unieron mediante un matrimonio de conveniencia y casaron la Dorotea con Josep Maria Serra, quien se convirtió en un gran hombre de negocios. Entre otras cosas, fue uno de los fundadores del Banc de Barcelona. Sólo tenía 16 años, él 22, pero en esa época este tipo de matrimonios eran muy habituales entre las clases altas. Vivieron juntos 50 años de matrimonio y tuvieron 6 hijas.
La muerte de su marido, en 1882, hizo que la Dorotea intensificara sus obras caritativas. En aquella época, la Revolución Industrial hizo que las diferencias sociales provocaran que muchas familias se encontraran en condiciones miserables y las clases populares sufrieran un gran abandono social, por lo que a lo largo de su vida tuvo una especial atención a los más pobres. A menudo es lo que hacían las mujeres de industriales y financieros de la época, llenaban su vida ociosa con gran devoción católica, hacían activismo procatólico y defendían los intereses de la iglesia llevando a cabo una actividad piadosa. Popularmente, algunos la conocían como la limosna de Dios. A pesar de pertenecer a la alta burguesía, era ya una persona que vivía de forma austera. Una vez recibió la herencia de su difunto marido, la dedicó casi toda a financiar escuelas, talleres, hospitales y templos religiosos para dar servicio a las clases populares, como las escuelas de los jesuitas de Caspe o el Sagrado Corazón de Diputación, el templo del Tibidabo, el hospital de San Juan de Dios o residencias como la de las Hermanitas de los Pobres.
En 1891 sufrió una pulmonía y murió en su domicilio de la Gran Vía de Barcelona acompañada de su familia. Posteriormente, fue enterrada en ese panteón familiar, junto a su marido. Sus obras caritativas fueron reconocidas por la Iglesia católica y en 1927 se inició un proceso diocesano para su beatificación. Un año después de este hecho, creyeron oportuno trasladar con una carroza fúnebre sus restos con la Carroza Estufa, la más emblemática del momento, en la Casa de las Hijas de María Auxiliadora, en la calle San Juan Bosco. Más tarde, el Papa Juan Pablo II la declaró venerable en 1983.
Su marido quería hacer una sepultura para la familia como las que se habían realizado otros burgueses en el Departamento Segundo, pero en aquel recinto ya no quedaba espacio para hacer una monumental. En 1881 construyó este panteón con piedra de Montjuïc, de estilo neogótico, realizado por el maestro de obras barcelonés Jeroni Granell Mundet, quien fue el director del traslado de la iglesia de la Concepción y el autor de la Biblioteca -Museo Víctor Balaguer de Vilanova y la Geltrú. Los trabajos escultóricos son de Joan Flotats y Lluís Puiggener, profesionales especializados en imaginería.
Actualmente, quien se hace cargo del panteón familiar es la familia Gispert, descendientes de la Dorotea. Otra mujer, su tataranieta, es Núria de Gispert i Català, quien destacó en la vida política de la ciudad, habiendo sido la Presidenta del Parlamento de Cataluña durante 5 años, desde el año 2010 hasta el 2015.
